SPANISH 303
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Lectura crítica de textos hispánicos
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Critical Reading of Hispanic Texts

Tres muestras de
ensayos sobre  "Los teólogos"
realizados en cursos precedentes
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Enlaces a otras páginas del curso
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Aureliano y Juan de Panonia: ¿amigos o enemigos?
Una imagen de la rivalidad entre las religiones en “Los teólogos”, de Jorge Luis Borges
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Desde el comienzo de las civilizaciones, los hombres han tenido varias creencias religiosas. Diferentes grupos se formaron, eligieron líderes y erigieron templos en honor de sus dioses. Desgraciadamente, esas comunidades muchas veces lucharon para eliminar las que tuvieran creencias opuestas a las suyas; hubo muchas muertes. Sin embargo, el estudio de las diversas doctrinas nos permite tomar nota de muchas similitudes entre ellas. 
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En el cuento “Los teólogos”, Jorge Luis Borges quiere demostrar que a pesar de las variaciones entre las creencias de los diferentes grupos religiosos, todos los hombres buscan lo mismo: la felicidad, el reconocimiento y el alivio. Al final, todos se encontrarán en la muerte con la última esperanza de  haberla alcanzado y de haber traído al mundo algo significante durante su vida. Además el autor quiere enseñar que la interpretación de los textos religiosos es muy subjetiva y a veces muy superficial. 
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En mi ensayo, explicaré mi tesis, es decir, analizaré cómo Borges presenta aquellas ideas a través de la rivalidad entre los personajes Aureliano y Juan de Panonia. Mostraré que las diferencias entre esos personajes son bastante superfíciales, que hay muchas más similitudes que diferencias entre ellos y que, al final, se encuentran en sus últimas luchas.
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En primer lugar, a pesar de que Aureliano y Juan de Panonia compiten para escribir el mejor texto, las variedades entre sus creencias son bastante superficiales. En efecto, se debaten sobre la teoría siguiente: “la historia es un círculo y nada es que no haya sido y que no será” (p. 1, línea 11). Sin embargo, saben que no se puede probar realmente que esa teoría sea verdadera o falsa porque no conocemos lo que hay después de la muerte. Además, cuando se trata de religión, la interpretación es muy subjetiva porque la manera de describir los acontecimientos y el uso de las palabras dependen del estilo que emplea cada autor. Incluyen autores, como Platón por ejemplo, que escriben doctrinas para poder mejor confutarlas (p. 1, línea 9). En el cuento, el narrador reflexiona que las herejías que debemos temer son las que pueden confundirse con la ortodoxia y que a Aureliano más le dolió la intervención – la intrusión – de Juan de Panonia (p. 1, línea 15). De verdad, las teorías de Aureliano y de Juan no cambian los principios de base de la religión católica; los rivales sólo disputen sobre algunos detalles, sobre algunas palabras bastante fútiles.
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También vemos aquella superficialidad cuando Aureliano se da cuenta de que Juan ha hecho un trabajo mejor que el suyo: “Aureliano sintió una humillación casi física. Pensó destruir o reformar su propio trabajo” (p. 2, línea 12). Aureliano piensa en destruir sus propios argumentos y cambiar su propia interpretación de la teoría para obtener la gratitud de la gente y satisfacer a los representantes religiosos en Roma. 
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Por otro lado, los dos hombres casi siempre utilizan los mismos textos, por ejemplo la Biblia, para alimentar sus argumentos. Sólo los interpretan de maneras diferentes. La interpretación que hace alguien de una teoría depende de sus experiencias y de sus conocimientos: “Como todo poseedor de una biblioteca, Aureliano se sabía culpable de no conocerla hasta el fin; esa controversia le permitió cumplir con muchos libros que parecían reprocharle su incuria” (p. 1, líneas 36-37). Juan, o cualquier otra persona, ha leído textos diferentes y por eso explica la teoría de otra manera.
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Por otra parte, hay muchas similitudes entre Aureliano y Juan de Panonia. “Militaban los dos en el mismo ejército, anhelaban el mismo galardón, guerreaban con el mismo Enemigo, pero Aureliano no escribió una palabra que inconfesablemente no propendiera a superar a Juan” (p. 2, líneas 20-22). Los dos hombres están especializados en la interpretación de los textos religiosos. 
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El narrador del cuento nos muestra que Aureliano, como intérprete de esos textos, quiere tener razón y obtener el reconocimiento de los miembros de su comunidad. Le importa más luchar contra Juan y ser vencedor que la religión por sí misma: “Hay quien busca el amor de una mujer para olvidarse de ella, para no pensar más en ella; Aureliano, parejamente, quería superar a Juan de Panonia para curarse del rencor que éste le infundía, no para hacerle mal” (p. 1, líneas 26-28). Sin embargo, perder a su rival es para Aureliano un ancontecimiento significativo: “Aureliano no lloró la (muerte) de Juan, pero sintió lo que sentía un hombre curado de una enfermedad incurable, que ya fuera una parte de su vida” (p. 4, líneas 23-25). En efecto, Aureliano, cuando muere Juan, se da cuenta de que su enemigo ha sido alguien muy importante en su vida, en su desarrollo.
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Finalmente, Borges demuestra que al final Aureliano y Juan de Panonia son seres iguales y se reúnen en la muerte. Por ejemplo, los dos hombres mueren casi de la misma manera, es decir, quemados: “Un rayo, al mediodía, incendió los árboles y Aureliano pudo morir como había muerto Juan” (p. 4, líneas 32-33). Después, se encuentran de nuevo en el paraíso: “Aureliano conversó con Dios y Éste se interesa tan poco en diferencias religiosas que lo tomó por Juan de Panonia” “en el paraíso, Aureliano supo que para la insondable divinidad, él y Juan de Panonia (el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima) formaban una sola persona” (p. 4, líneas 37-39). La conclusión del texto muestra que cada persona a veces se contradice; cada persona tiene aspectos opuestos en su personalidad.
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Para concluir, Borges muestra bastante bien en “Los teólogos”, a través de la rivalidad entre Aureliano y Juan, que todos los hombres buscan objetivos similares. No importan la religión y los detalles de las doctrinas, todos los hombres se encontrarán al final. Para investigar más sobre el tema, sería interesante analizar los textos citados en el cuento, por ejemplo la doctrina de Platón.
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El infinito círculo de traición
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En el cuento “Los teólogos”, escrito por Jorge Luis Borges, encontramos muchas referencias y alusiones a la historia de la traición de Jesucristo. Justamente como hemos observado en “Tres versiones de Judas”, es muy evidente que a Jorge Luis Borges le fascinaba mucho ese acontecimiento cristiano. Si prestamos atención a los numerosos índices, podremos percibir que la denuncia del protagonista, Aureliano, contra el antagonista, Juan de Panonia, promovido por el aborrecimiento y la envidia que siente por él, refleja con gran aproximación la traición de Judas a Jesucristo; acaso coincidiendo con la teoría de los monótonos, lo que sucede representa una repetición del infame acto de traición de Judas, y sacrificio de Jesucristo. 

Es incuestionable que Jesucristo es conocido mundialmente como el Mesías y el Salvador del mundo, según el cristianismo, ésas son las palabras que más lo definen. Durante muchas partes de la narración, Juan de Panonia es representado como una reencarnación de Jesucristo. Al comienzo del cuento, es introducido como el salvador de la humanidad con respecto al riesgo que amenazaban los monótonos: “Todos temían, pero todos se confortaban con el rumor de que Juan de Panonia … iba a impugnar tan abominable herejía” (p. 1, líneas 12-14).

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Podemos observar otro aspecto santo de Juan en la manera con la cual su refutación de los monótonos es descrita por el narrador: “El tratado era límpido, universal; no parecía redactado por una persona concreta, sino por cualquier hombre, o, quizá, por todos los hombres” (p. 2, líneas 10-11). La pureza, universalidad y gran autoridad que personifican el trabajo de Juan pueden ser equiparadas a las palabras de Jesucristo, cuya influencia no ha conocido límite desde hace más de dos mil años.
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“De pronto, una oración de veinte palabras se presentó a su espíritu” (p. 3, línea 38). Vemos aquí, de nuevo, otro aspecto sagrado de Juan cuyas palabras pueden viajar por vía espiritual, como si fuera un ser omnipresente. Es importante notar, también, que esta expresión puede tener un doble sentido: puede significar meramente que Aureliano “recordó” esas veinte palabras o que tuvo una especie de “revelación”. Si tomamos el contexto en cuenta, es indiscutible que Aureliano, en efecto, está en contacto con unos seres espirituales: “Imploró el socorro divino … el ángel de su guarda le dictó una solución intermedia” (p. 3, líneas 43-44). 
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El odio ciego y la envidia que siente Aureliano por Juan aluden a los sentimientos que motivaron la traición de Judas Iscariote: “todos se confortaban con el rumor de que Juan de Panonia… iba a impugnar tan abominable herejía … Aureliano deploró esas nuevas, sobre todo la última” (p. 1, líneas 12-15). Todo el mundo espera que Juan impugne a los monótonos; Aureliano detesta la idea de que Juan sea la persona encargada de erradicar a los nuevos herejes: siente profundo rencor por él, ni siquiera le importa que ambos guerreen contra “el mismo Enemigo” (p. 2, línea 21), quiere superarlo a todo precio.
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La denuncia de Aureliano contra la “herejía” de Juan puede ser interpretada como símbolo de la traición de Judas Iscariote. El día de la ejecución, Juan sufre una gran humillación, también semejante a la que sufrió Jesucristo: “yacía con la cara en el polvo, lanzando bestiales aullidos… lo arrancaron, lo desnudaron y por fin lo amarraron a la picota. En la cabeza le pusieron una corona de paja” (p. 4, líneas 15-16).  Los dos, Jesucristo y Juan de Panonia, mueren de manera muy similar. Sin embargo, hay una disparidad: según la ortodoxia cristiana, Jesucristo murió crucificado en la cruz, mientras que Juan de Panonia murió en la hoguera amarrado a un palo. Las similitudes son más evidentes si tenemos en cuenta que en varias sectas cristianas, como los testigos de Jehová, se sostiene no sólo que no hay directa evidencia de que Jesucristo hubiera muerto en la cruz, sino que lo hizo en un palo: exactamente como Juan de Panonia.
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Después de haber delatado a sus enemigos, ambos, Aureliano y Judas, padecen de culpa. La historia declara que Judas acabó por suicidarse. Aureliano, antes de morir en su hoguera natural, viaja por muchas partes del mundo, quiere resolver la triste soledad que siente por la ausencia de Juan y justificar su “tortuosa denuncia” (p. 4, línea 29). 
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No me sorprende que en este cuento el protagonista represente a Judas y que el antagonista, un “hereje”, represente a Jesucristo: ya en “Tres versiones de Judas”, el narrador –o, más bien, otro teólogo: Hans Runeberg, por boca del narrador– nos demuestra que Judas puede ser considerado como el verdadero salvador del mundo. 
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Dado que la salvación, traición y crucifixión, así como su carácter divino, son temas muy significativos en la historia de Jesucristo, podemos inferir que el cuento narra una repetición de la historia evangélica de Judas. Se podría también decir que, en efecto, en el cuento, Judas vuelve a vender al Señor, y que, tal vez volverá a hacerlo cuando el círculo se repita...
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“Los teólogos”, o el cuestionamiento del imperio de la razón
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José Miguel Oviedo atribuye a Borges “el arte de razonar ... con argumentos que estimulan la libertad de nuestra imaginación” (Oviedo). Las ‘estrategias engañosas’ de este autor hacen que su cuento parece ser un artículo, en el cual el lector debe pensar y evaluar los argumentos; no obstante, su método paradójico de redactar la historia obliga al lector a razonar y al fin reconsiderar todo otra vez. Claro, como lectores y seres humanos, debemos utilizar nuestra imaginación; sin embargo, en su obra “Los teólogos”, Borges muestra que a veces el hombre utiliza los dictados de la ciencia y de la lógica hasta el punto de confundir lo verdadero con lo verificable, aunque no todo sea demostrable. Mientras los protagonistas tratan de desmentir las creencias de los ‘herejes’, no demuestran que sus ideales cristianos sean los ‘verdaderos’. Además, una teoría que es primeramente cristiana después puede ser herética sin ser cambiada. Finalmente, los actos del protagonista  Aureliano a menudo parecen ser menos cristianos que los actos de los supuestos ‘herejes’. Normalmente, el lector supondría que los ideales cristianos serían los probados verídicos. Pero Borges teje un cuento que últimamente muestra cómo los hombres pueden mantener injustamente (y más importante, perjudicialmente) sus convicciones, incluso si ellas no puedan ser probadas. 
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La ‘lucha’ de los dos teólogos cristianos para desmentir las creencias de los monótonos no demuestra que sus ideales cristianos sean los ‘verdaderos’; al contrario, casi demuestra que ‘los herejes’ parecían tener una mejor idea de lo verdadero. Los anulares profesaban que “la historia es un círculo y que nada es que no haya sido y que no será” (Borges, p. 1, línea 11). Cuando Aureliano y Juan de Panonia trataron de refutar esta herejía, Juan de Panonia fue el teólogo encargado de este trabajo. Esto tuvo como resultado la quema de un heresiarca, que proclamó que “esto ha ocurrido y volverá a ocurrir” (p. 2, línea 16). Si la herejía fuera equivocada, el tiempo no se repetiría. Pero, a fin de cuentas, ambos teólogos se mueren de la misma manera: Juan de Panonia fue quemado en la hoguera por herejía y Aureliano murió en un bosque incendiado. Además, llovió antes que Juan de Panonia fue quemado, y lo hizo otra vez antes que Aureliano se murió.  Los acontecimientos en la historia de Borges muestran que el razonamiento de los teólogos al fin no pudo refutar ‘la herejía’ que dice que todo se repite infinitamente.
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Por otra parte, hubo ‘herejes’ que “afirmaban que el tiempo no tolera repeticiones” (p. 3, línea 26).  En este caso, la herejía es lo contrario de la que dice que todo se repite infinitamente. Entonces, si Juan de Panonia refuta la primera, es que respalda o confirma la segunda, cuando declaraba que “no hay dos caras iguales … [y que] tampoco hay dos almas y que el pecador más vil es precioso como la sangre que por él vertió Jesucristo” (p. 2, líneas 6-7).  Es decir que todo lo que ocurre en el mundo, y por lo tanto cualquier persona que en él ha vivido, es único, es irrepetible. Confirmó de esta manera que el tiempo no puede tolerar repeticiones y por confirmar la primera ‘herejía’, fue condenado a la hoguera. Entonces, el razonamiento que pretendió ser cristiano y ‘verdadero’ la primera vez no lo es la segunda vez. Tanto como un argumento puede ser bueno y malo al mismo tiempo, varias teorías pueden ser vistas como las ‘verdaderas’ al mismo tiempo. Borges coloca hábilmente en su cuento ‘pruebas’ en forma de escrituras bíblicas, para probar ‘las herejías’ tanto como refutarlas. El método que utiliza como escritor para demostrar los dos lados refleja una imparcialidad como manifestaría Dios; esta imparcialidad no se manifestó en los cristianos que quemaron a los ‘herejes’. Pero según el dogma cristiano, los hombres son todos iguales. Juan de Panonia confirma eso cuando declaró que “el pecador más vil es precioso como la sangre que por él vertió Jesucristo” (p. 2, líneas 6-7). Basa implícitamente su argumentación en el dogma cristiano que dice que todas las personas, buenas y malas, son iguales, porque Jesucristo se sacrificó para redimir a todos los hombres, buenos y malos. Entonces, ¿por qué quemar y no perdonar?
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Aunque los teólogos basaran sus argumentos en creencias cristianas, ellos no se comportaron como cristianos. Si todos los hombres son iguales, es vanidoso que Aureliano hubiera tratado de superar a Juan de Panonia en su trabajo cristiano. Peor, quemaron a todas las personas que no pensaban como ellos, a pesar de que no pudieron realmente rebatir ‘las herejías’. Dijeron que ‘los herejes’ “pacían como los bueyes y su pelo crecía como de águila” (p. 2, línea 40) simplemente porque lo que se aleja del dogma es considerado ‘monstruoso’. Además, cuando Aureliano denunció a Juan de Panonia, “sintió lo que sentía un hombre curado de una enfermedad incurable” (p. 4, línea 24). ¡Estaba contento del destino de Juan de Panonia! Por otro lado, ‘los herejes’ parecían demostrar rasgos cristianos, o al menos interpretar de manera discutible los dogmas cristianos. Por ejemplo, “discurrieron que el mundo concluiría cuando se agotara la cifra de sus posibilidades: ya que no puede haber repeticiones, el justo debe eliminar (cometer) los actos más infames, para que estos no manchen el provenir y para acelerar el advenemiento del reino de Jesús” (p. 3, líneas 11-13). Quisieron acelerar la venida de Jesús. También profesaron el ascetismo. Los ‘herejes’ son parecidos a Judas en el otro cuento de Borges, “Tres versiones de Judas”, en el cual un argumento trata de demostrar que Judas fue el hombre que más respetó la voluntad divina. Si la felicidad y el bien son atributos divinos y los hombres no son dioses, ni deben pretender ser dioses, los hombres no deben buscar la felicidad ni intentar alcanzar el bien. Por lo tanto, los histriones que no buscaron la felicidad respetaron más la voluntad divina.
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El texto de Borges, que es ficción pero que se lee como un ensayo, muestra su ironía frente al modo de razonar del hombre. Ofrece argumentos que al fin no dirigen al lector a ninguna conclusión específica, o que tratan de demostrar las teorías ‘heréticas’, que se parecen bastante a los dogmas cristianos. Sobre todo, Borges muestra que “las herejías que debemos temer son las que pueden confundirse con la ortodoxia” (p. 1, líneas 17-18). Debemos razonar y argumentar, pero hay dos lados a toda situación... especialmente las que no pueden ser probadas para nada.
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Bibliografía _
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